
general
Información para el paciente
Asesoramiento pre concepcional
Las pacientes que se encuentran en la búsqueda de embarazo deben tomar 1 mg diario de ácido fólico para prevenir anomalías de cierre de tubo neural en la descendencia. La toma debe iniciarse antes del logro del embarazo (se recomienda iniciar la toma 12 semanas antes y continuarla hasta 12 semanas después de logrado el embarazo).
Las pacientes con antecedentes de malformaciones propias o de hijos con malformaciones neurológicas, o cardíacas, o que se encuentran tomando medicamentos por epilepsia deben tomar 5 mg diarios.
Recomendaciones:
Tener aplicada la vacuna de la rubeola al menos 3 meses antes de lograr el embarazo ( o presentar serología de IgG positiva).
Tener la vacunación completa recomendada contra las siguientes afecciones: varicela, gripe, sarampión, hepatitis B, tétanos, difteria y tos ferina.
Tener un peso adecuado al momento de lograr el embarazo. En caso de hallarse fuera del rango, se recomienda consultar con un nutricionista.
No ingerir medicamentos con posibles efectos teratogénicos. Consultar por cualquier medicamento que se está ingiriendo al momento de lograr el embarazo.
No consumir alcohol desde el momento que se logra el embarazo.
No fumar tabaco o cualquier otra sustancia, ni consumir otros estupefacientes: es una recomendación para cualquier persona que aporte las gametas o vaya a concebir. Está demostrado que el tabaco tiene efectos negativos en la probabilidad de lograr el embarazo y aumenta las complicaciones durante el embarazo.
Las pacientes diabéticas deben presentar valores de hemoglobina glicosilada lo más cercano posible a valores normales para prevenir malformaciones congénitas o hacer su adecuado control endocrinológico.
Las pacientes con diagnóstico de hipotiroidismo deben hacer un control hormonal previo y ajustar la dosis de ser necesario.
Estudios genéticos
Si bien no puede asegurarse la salud genética absoluta de un embrión o una persona, las nuevas técnicas genéticas permiten disminuir el riesgo de recién nacidos afectados. Existen estudios genéticos que pueden ser relevantes y pertinentes en muchos casos.
Estudios de panel de portadores
Muchas veces el diagnóstico de una enfermedad genética se evidencia cuando un integrante de la familia ya está diagnosticado o presenta síntomas; sin embargo, las enfermedades génicas recesivas pueden diagnosticarse en un hijo de padres portadores sanos sin que presenten dichos antecedentes en la familia.
Existe la posibilidad de evaluar el riesgo de tener un hijo con enfermedades genéticas mediante la realización de estudios genéticos que informan si quienes buscan un embarazo son portadores de una o más mutaciones genéticas recesivas. En caso de presentar riesgo elevado para alguna enfermedad, pueden tomarse medidas para tener un hijo sano.
Dentro de las enfermedades génicas más frecuentes se puede mencionar a la fibrosis quística, atrofia muscular espinal y X frágil.
Para este tipo de evaluaciones pueden realizarse estudios específicos para una enfermedad determinada (cuando existen antecedentes que lo justifican) o pueden realizarse estudios de hasta 4000 mutaciones para 600 enfermedades génicas.
Estos estudios NO están contemplados en la cobertura médica y, en caso de decidir realizarlos, debe solicitarse al médico o realizar una consulta con el genetista.
Estudios en los embriones
La probabilidad de tener un hijo afectado de una anomalía cromosómica depende principalmente de la edad de la mujer.
Los pacientes que realizan un tratamiento de alta complejidad (FIV) pueden evaluar anomalías cromosómicas en los embriones mediante el estudio genético preimplantatorio , previo a la transferencia embrionaria. Este estudio permite evitar la transferencia de embriones cromosómicamente anormales que no implantarán o que en caso de implantar evolucionan hacia un aborto espontáneo. Permite además minimizar el riesgo de nacidos con trisomía del cromosoma 13 (Síndrome de Patau), del cromosoma 18 (Síndorme de Edwards), del cromosoma 21 (Síndrome de Down) o con anomalías de los cromosomas sexuales o parciales de los demás cromosomas. Este estudio NO está contemplado en la cobertura médica y en caso de decidir realizarlo debe solicitarlo a su médico o realizar una consulta con el genetista.
Abortos recurrentes
¿Cuándo hay que comenzar a estudiarse? La investigación médica debería comenzar luego de dos o tres embarazos perdidos.
Causas Las posibles causas y la participación relativa de cada una de ellas en el fracaso reproductivo han variado en los últimos 20 años, según los estudios epidemiológicos y la experiencia clínica. Con el avance de las técnicas de diagnóstico genético, se ha podido comprobar que la mayor parte de los abortos se produce por causas cromosómicas embrionarias (alrededor del 60% de ellos). Cuanto más precoz es el aborto, mayor es la probabilidad que se deba a una de estas anomalías numéricas (trisomías, monosomías, poliploidías, es decir, la ausencia o el exceso de algún cromosoma). Esto no implica que la pareja tenga algún problema genético, ya que la mayoría de las veces son normales, sino que se produce una falla genética-reproductiva en el momento de la fecundación, y ello deriva en un aborto posterior. En muy contados casos de aborto recurrente (menos del 5%), puede haber problemas cromosómicos en alguno de los miembros de la pareja que ocasionen mayor riesgo de aborto.
Otras causas posibles pueden ser maternas, como la presencia de malformaciones uterinas (útero tabicado, útero en “T”) o patologías del útero como los miomas, pólipos o sinequias. En estos casos, una correcta evaluación diagnóstica permitirá la resolución quirúrgica de muchos de ellos. Además, existen factores endócrinos que pueden aumentar las probabilidades, como la hiperprolactinemia (altos niveles de prolactina en sangre), el hipotiroidismo (disfunción crónica de la glándula tiroides) o la poliquistosis ovárica, todos ellos tratables con medicación adecuada. Los factores infecciosos (microorganismos que pueden infectar el aparato reproductor, como la chlamydia, el mycoplasma, ureaplasma) han sido asociados con los abortos, sin embargo ninguno ha sido demostrado fehacientemente como un agente causal. Por último, pueden considerarse los factores autoinmunes, como el síndrome antifosfolipídico, o factores inmuno-hematológicos, como la trombofilia (afección que se caracteriza por una mayor predisposición a las trombosis vasculares). Estas alteraciones han sido muy publicitadas en los últimos tiempos en los medios y han generado una gran confusión en los pacientes, ya que no están estandarizados los estudios de laboratorio que permiten llegar a un diagnóstico certero, no son universalmente aceptados los criterios de diagnóstico de estas afecciones y menos aún está comprobado que sean efectivos los tratamientos propuestos en la actualidad, muchos de los cuales son costosos, y pueden generar efectos adversos.
¿Qué estudios deben realizarse? Tomando en cuenta las recomendaciones actuales de las principales sociedades científicas mundiales y las normas de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) al respecto, se podría plantear que en el estudio de parejas con aborto recurrente, no deben faltar los siguientes estudios:
- Estudio de cariotipo parental (estudio genético de la pareja)
- Estudio hormonal de función tiroidea y prolactina
- Búsqueda de anticuerpos antifosfolipídicos (trombofilia adquirida)
- Evaluación de causas uterinas, mediante ecografía, histerosalpingografía, o resonancia magnética
- Idealmente, realizar estudio genético de material de aborto para confirmar la probable aneuploidía embrionaria.
En caso de abortos tardíos (luego de la semana 10 de embarazo) debe pedirse el estudio de trombofilia adquirida e incluir los estudios moleculares como el Factor V Leiden o Protrombina 20210, entre otros, para trombofilias hereditarias.
La mejor manera de asesorar a una pareja con aborto recurrente es con la mejor evidencia científica disponible y con una adecuada contención emocional. Es importante para ellos conocer el hecho de que, incluso cuando la evaluación clínica y de laboratorio sea negativa, tienen entre un 60 y 70 % de probabilidades de lograr un embarazo exitoso. Por ello, no se debe intentar calmar la ansiedad con estudios y tratamientos innecesarios e injustificados, y sí acompañar y asesorar desde el punto de vista médico y psicológico.
Prevención en fertilidad
Uno de los problemas crecientes en la sociedad moderna es la postergación de la maternidad por el mayor desarrollo profesional y laboral de la mujer en la actualidad.
En el mundo occidental especialmente, la tendencia en las últimas décadas ha sido el incremento sostenido de la edad materna al momento del primer embarazo. En EE.UU., la proporción de primeros embarazos luego de los 30 años se ha incrementado casi 5 veces desde 1975, desde un 5% a un 24%. La importancia crítica de la edad en la fertilidad de la mujer ha sido previamente demostrada en estudios epidemiológicos, y en el campo clínico, evidenciándose una alta frecuencia de alteraciones cromosómicas en ovocitos de mujeres mayores.
Ello redunda en fallas de fertilización, generación de embriones anormales, menor implantación, menor desarrollo embrionario in vitro, incremento de abortos precoces, y por lo tanto menor fecundidad.
Pero, ¿cómo prevenir los efectos negativos del avance de la edad? La estrategia en este caso debe estar apuntada a brindar una información adecuada. Los medios de comunicación son vitales hoy en día, en un mundo globalizado e interconectado por la masificación del uso de internet y las redes sociales. Sin embargo, la información está a menudo mal organizada o directamente sesgada, y existe una percepción de que los avances tecnológicos en el campo de la Medicina Reproductiva han permitido la maternidad a muchas mujeres de más de 45 años. Estos hechos tienen un gran impacto en la opinión pública y han generado la falsa sensación de que se puede esperar y postergar la maternidad sin perjuicio para la fertilidad
Las Sociedades Científicas, los organismos gubernamentales y otras Organizaciones intermedias y Foros de pacientes deben realizar acciones coordinadas para informar a la población acerca de las limitaciones biológicas que existen en la fertilidad. Debemos explicar claramente que los embarazos logrados en mujeres mayores de 45 años son casi invariablemente producto de tratamientos de donación de ovocitos, y que los riesgos obstétricos de estos embarazos, especialmente en mujeres mayores de 51 años son considerables.
La correcta información al público general y a los médicos de atención primaria debería acortar el tiempo entre la búsqueda infructuosa del embarazo y la consulta especializada. En mujeres menores de 35 años debe darse un año de plazo para lograr el embarazo, en mayores de 35 años no más de 6 meses, y en mayores de 40 años se debe comenzar la consulta y el asesoramiento médico inmediatamente. Esta regla general, puede tener excepciones en casos particulares como la sospecha de anovulación, antecedentes de enfermedades de transmisión sexual u operaciones pelvianas. También deben dirigirse todos los esfuerzos para intentar minimizar el tiempo entre la consulta inicial y el diagnóstico de infertilidad.
En la Argentina, la Sociedad de Medicina Reproductiva (SAMeR) ha recomendado que en los Centros especializados esto no lleve más de dos a tres consultas y alrededor de cinco o seis estudios complementarios, promediando unos dos a tres ciclos de la mujer. Esto consiste en un estudio hormonal basal, sugiriendo en la actualidad un dosaje de Hormona Antimulleriana, FSH, LH, estradiol, PRL y TSH, una ecografía transvaginal para recuento folicular antral y volumetría ovárica, un cultivo endocervical para bacteriología y un monitoreo ovulatorio en ese ciclo. En este primer mes de estudios se solicita un espermograma, y durante el segundo ciclo de estudios se puede solicitar una histerosalpingografía y otros estudios por imágenes que sean complementarios en casos particulares. Es recomendable realizar un segundo espermograma en los meses siguientes al primero para confirmar normalidad o evaluar con mayor profundidad un factor masculino.
La criopreservación de gametas para su uso futuro es una estrategia adecuada teniendo en cuenta los cambios socioculturales mencionados anteriormente. Esta estrategia puede implementarse en parejas establecidas que decidan diferir su paternidad y que podrían criopreservar embriones obtenidos por Fecundación in vitro (FIV). Otra opción sería la criopreservación de óvulos y/o espermatozoides. La gran ventaja de esta alternativa más es que permite independizar el uso de los gametos de una pareja determinada.
La criopreservación de ovocitos es hoy una técnica consolidada gracias al desarrollo de la . la vitrificación. Consiste en un congelamiento ultrarrápido, utilizando crioprotectores en alta concentración, en el cual se produce una solidificación de líquidos sin formación de cristales, aumento de la viscosidad con disminución rápida de la temperatura. Esta técnica, simple y fácil de implementar, se utiliza en la práctica habitual en mujeres que desean postergar la maternidad. La vitrificación, siguiendo la técnica descripta por Kuwayama y colaboradores, permite criopreservar ovocitos con una supervivencia post-descongelamiento superior al 90%. La técnica también es apta para la criopreservación de tejido ovárico, y podría utilizarse en pacientes oncológicos, aunque en este último caso, es incierto el uso futuro del tejido congelado.
La relación entre enfermedades de transmisión sexual e infertilidad fue evidenciada claramente a partir del trabajo del grupo sueco en Lund. A través del seguimiento durante décadas, de mujeres diagnosticadas con Enfermedad Inflamatoria Pelviana (EIP) por laparoscopía, se concluyó que las infecciones por Chlamydia, Gonococcia y bacterias anaerobias asociadas frecuentemente a la vaginosis bacteriana eran la principal causa de infertilidad tubárica. Esta asociación estaba directamente relacionada a la severidad de la infección y al número de episodios.
La dificultad en la prevención de estas infecciones radica en su característica subsintomática o directamente silente en muchos casos, por lo cual algunos epidemiólogos enfatizan en controlar especialmente las infecciones del tracto genital inferior que las originan. La recomendación más importante y la medida más costo-efectiva que se puede implementar respecto de la prevención de ETS es el uso de preservativo, incluso en mujeres que utilizan otros métodos de anticoncepción. El énfasis por ende, debe darse a nivel de la atención primaria, y especialmente en poblaciones de riesgo y más expuestas, como las mujeres de bajo nivel socioeconómico, más expuestas a infecciones.
Si bien existen pocos datos contundentes que apoyen una relación entre la nutrición y fertilidad, en casos extremos de malnutrición como la anorexia nerviosa, se puede comprobar un efecto directo sobre el ciclo de la mujer. Algunos fisiólogos consideran esta supresión ovárica como un mecanismo adaptativo útil de tal manera de evitar embarazos en condiciones ambientales desfavorables. Sin embargo, aún cuando para casos menos extremos la relación ha sido más difícil de comprobar, cualquier mujer que está planificando un embarazo debe recibir una nutrición variada, completa, que asegure un aporte adecuado de ácido fólico y hierro.
El ejercicio físico frecuente debe ser también una recomendación preconcepcional, y puede jugar un rol importante en pacientes con Sindrome de Ovario Poliquístico (SOP) e insulinorresistencia, ya que su perfil metabólico puede corregirse solamente con esta medida. El descenso de peso en estas pacientes, mediante el ejercicio, la dieta hipocalórica, y eventualmente agentes insulinosensibilizantes es una medida fundamental para mejorar su performance reproductiva, lograr la ovulación en pacientes anovuladoras, y prevenir complicaciones obstétricas como la diabetes gestacional, la preeclampsia y el bajo peso al nacer. La obesidad, en pacientes con o sin SOP debe prevenirse o tratarse porque también es responsable de una mayor frecuencia de abortos y de morbilidad obstétrica, y en los hombres es una causa de hipoandrogenemia y disfunción eréctil. Por lo tanto, el médico de atención primaria y el ginecólogo general deben insistir en los cuidados preconcepcionales, no sólo para evitar malformaciones, ( uso diario de un suplemento de ácido fólico) sino de mantener un peso adecuado (IMC entre 18 y 25) al momento de la concepción.
El tabaquismo es otro factor asociado a una menor fertilidad, disfunción ovulatoria, y falla ovárica precoz en mujeres, así como alteraciones espermáticas y disfunción eréctil en el hombre. Existe un consenso entre especialistas que el dejar de fumar debe ser una medida fundamental en la atención de la infertilidad. Se deben realizar campañas educativas que amplíen la información existente acerca de los daños que el tabaco produce en la reproducción, ya que existe un conocimiento general de que el tabaquismo es dañino para el feto en desarrollo; sin embargo, debe hacerse hincapié en que el tabaco produce un daño también en la etapa preconcepcional, tanto en el hombre como en la mujer.
Según el CDC, no se sabe en qué proporción se puede prevenir la infertilidad, pero teniendo en cuenta las ETS, el tabaquismo, la obesidad y el varicocele en el hombre solamente, estos pueden representar hasta un 30-40% de las causas conocidas de infertilidad humana.
Las sustancias tóxicas en el medio ambiente laboral son otra preocupación, y por ejemplo, en los EEUU, se calcula que hay unos dos millones de trabajadores expuestos al solvente 2-butoxyetanol. Existen muchas otras sustancias químicas que se incorporan anualmente cuyo impacto sobre la reproducción es sencillamente desconocido, y por lo tanto deben ser adecuadamente monitorizadas.
Muchas enfermedades, o su tratamiento pueden estar asociados a infertilidad. Los tratamientos radiantes y la quimioterapia en la actualidad han permitido el tratamiento eficaz del cáncer y se ha visto un aumento significativo de sobrevivientes de cáncer que llegan a la etapa reproductiva libres de enfermedad. Desafortunadamente, la mayoría de estos pacientes tendrán muy comprometida su fertilidad ya que las células germinales son muy sensibles a la acción de estos medicamentos.
El impacto de la quimio o radioterapia es dosis dependiente y edad dependiente, estando más protegidos los pacientes cuanto más jóvenes son. Por otro lado, existen sustancias más tóxicas que otras, siendo las más nocivas la ciclofosfamida, el melfalan y las mostazas nitrogenadas. La adriamicina y los platinos son de toxicidad media y los de menor toxicidad son el fluorouracilo, el metotrexate, la actinomicina y los alcaloides de la vinca. En el caso de la mujer, se sabe que la reserva ovárica decae consistentemente desde el nacimiento y la pérdida folicular se acelera a partir de los 35 años.
Existen modelos matemáticos que muestran la dinámica de depleción folicular fisiológica y también la relacionada a quimio o radioterapia o enfermedades, como la artritis reumatoidea y otras enfermedades autoinmunes, resistentes a tratamientos convencionales que requerirán de terapias más agresivas con metotrexate o ciclofosfamida que pueden comprometer su fertilidad futura.
Por lo tanto, toda paciente que deba ser sometida a estas terapias debe ser asesorada por un equipo interdisciplinario formado entre el oncólogo, reumatólogo y el especialista en Medicina Reproductiva.
Las opciones preventivas dependerán de la edad del paciente (puberal vs. prepuberal), la patología a tratar, la/las drogas a utilizar y su dosis, sin embargo las técnicas más estandarizadas y establecidas en la actualidad son la criopreservación de espermatozoides y de embriones, no aptas para todos los casos. La criopreservación de ovocitos, gracias al advenimiento de la vitrificación, es una técnica probada en la actualidad. Otras técnicas, como la criopreservación de tejidos (ovario y testículo) pueden abrir nuevas posibilidades de tratamientos futuros, como el reimplante autólogo ortotópico, heterotópico o la maduración in vitro de gametas.
La oportunidad para preservar la fertilidad de alguna forma no debería ser negada a ninguna paciente. Los resultados con la vitrificación de ovocitos abren una interesante posibilidad a futuro para preservar la fertilidad en pacientes con cáncer u otras enfermedades crónicas que requieran de tratamientos potencialmente dañinos para la gametogénesis.
Un factor determinante para lograr una mejor atención global de la pareja con infertilidad es permitir el acceso de la población a los servicios de infertilidad, ya que esto es fundamental para evitar consultas no especializadas que prolongan innecesariamente el tiempo necesario para llegar a un diagnóstico.
Adicionalmente, en Centros especializados el estudio de la pareja infértil está debidamente normatizado y no se implementan pruebas innecesarias o tratamientos no comprobados por evidencia médica comprobada. Debe establecerse también en el sistema público un esquema escalonado de complejidad, de tal manera de lograr una amplia base de atención primaria, y derivaciones sucesivas a Centros de mayor Complejidad.
Es de suma importancia el registro completo de todas las consultas y tratamientos efectuados a Centros especializados para llevar una estadística que permite detectar tendencias a largo plazo y seguimiento de los recién nacidos por Técnicas de Reproducción Asistida. En nuestro continente existe el Registro de la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida (REDLARA, www.redlara.com), que ha permitido analizar los tratamientos y sus resultados desde 1990, y es un ejemplo que muestra claramente las tendencias regionales en la epidemiología de la Reproducción Asistida. Varios países de nuestra región se manejan con regulaciones de Sociedades Científicas, o Normativas locales, que en algunos casos representan leyes votadas por Parlamentos; sin embargo cada país debe hacer esfuerzos para consensuar las políticas sanitarias al respecto, que abarquen a todos los sectores involucrados, principalmente el estado, el sector privado y los pacientes. En conclusión, la sociedad debe entender que la infertilidad es una enfermedad y un problema de salud creciente en nuestros tiempos, y se deben realizar esfuerzos para difundir y comunicar correctamente la problemática a la población.
El sistema de salud, tradicionalmente enfocado en elaborar estrategias para controlar el crecimiento poblacional, y a brindar acceso a métodos seguros y eficaces de anticoncepción, no ha tenido como prioridad la infertilidad. En la actualidad, por el contrario, debe identificar y tratar los factores de riesgo para infertilidad, y considerar las inequidades que existen en el acceso de la población a los servicios para tratar la infertilidad. Las autoridades políticas y sanitarias, en conjunto con las agrupaciones médicas y las agrupaciones de pacientes deben tratar las implicancias sanitarias, bioéticas, y financieras de los tratamientos de infertilidad, para desarrollar programas conjuntos que permitan regular la actividad y distribuir recursos teniendo en cuenta los derechos de las parejas, y los deberes del estado.
Consultas usuales
Los días fértiles son, en general, el de la ovulación y los dos o tres días previos. Sin embargo, para conocer estas fechas, se tiene que considerar la longitud del ciclo de cada mujer. En general, la segunda mitad (luego de la ovulación) dura unos 14 días, por lo que si una mujer que menstrúa cada 28 días, suele ovular el día 14. Pero hay mujeres que menstrúan cada 25 días y ovulan el 11 o 12 del ciclo, y otras que lo hacen cada 34 días y ovulan un día 20.
El moco aparece dos o tres días antes de la ovulación, pero la fecha puede variar según el ciclo de cada mujer. Se caracteriza por ser transparente (como una “clara de huevo”) y filante (no se corta al estirarlo entre dos dedos). Esta etapa es sumamente fértil y debe provecharse para programar las relaciones sexuales.
Los estudios que se aconsejan realizar son la serología para la rubéola (en caso de ser negativa se debe aplicar la vacuna como mínimo 2 meses antes de iniciar la búsqueda) y un hematocrito y una determinación de TSH. Es importante comenzar a tomar ácido fólico proximadamente 2 meses antes de quedar embarazada.
El ácido fólico es una vitamina fundamental para prevenir algunas malformaciones neurológicas y se debe tomar hasta cumplir las 10 semanas de embarazo. Por esto, si una mujer no queda embarazada rápidamente, debe continuar tomando el ácido fólico ya que éste no tiene ninguna toxicidad y las reservas en el organismo son escasas.
No, es falso. Mientras se toman las pastillas, los ovarios “descansan”. Cuando se suspenden, el ovario retoma la misma función reproductiva que tenía antes de comenzar a tomarlas.
Sobre el acercamiento a la consulta
La consulta al especialista se recomienda cuando la pareja no ha logrado concebir el embarazo luego de intentarlo durante 12 meses. Se considera así debido a que la fertilidad mensual es del 20%, esto significa que, por lo general, el 70 % de las parejas logran el embarazo alrededor de los 6 meses de búsqueda. De todas formas, es importante considerar la edad del hombre, pero principalmente la de la mujer. A partir de los 35 años es mejor no esperar más de 6 meses para consultar.
Lo primero que hay que contemplar es la relación con el médico porque, por lo general, la pareja llega al profesional por recomendación. También se tiene en cuenta la institución. Es importante que el centro trabaje bajo las normas de las sociedades científicas, que esté afiliado a un centro académico, a la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida, a la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMER) y que, además, reporte sus datos a esos organismos.
En la mujer, las fallas ovulatorias y los factores tubáricos (obstrucciones en trompas, adherencias y endometriosis). En el hombre, la alteración en la cantidad o calidad de los espermatozoides, la falta de ellos y la obstrucción en la vía seminal. Algunos de los motivos son: varicocele (várices en los testículos), causas congénitas, infecciosas, hormonales o quirúrgicas.
En todos los casos, tienen que consultar juntos. La relación de la pareja es fundamental para lograr un buen tratamiento.
Sobre tratamientos
En una primera instancia, a la mujer se le realizan estudios sobre su ciclo para determinar si ovula correctamente; se hacen análisis de sangre para estudiar sus hormonas; ecografías que permiten observar las condiciones en las que se encuentra el útero; estudios de la permeabilidad de las trompas y del moco del cuello para ver si es apto. En una segunda instancia, si no se encontraron causas concretas o si algún estudio mostró alguna alteración en la pelvis, se puede realizar una laparoscopía ya que existen patologías, como la endometriosis, que sólo se ven a través de este sistema. A los hombres, en primer lugar, se realiza una buena historia clínica para buscar e investigar todas las causas que pueden afectar su fertilidad. Esto incluye una detallada exploración física para analizar testículos, epidídimos, deferentes, caracteres sexuales y presencia de varicocele. En la primera visita, se solicita un estudio del semen (espermograma) y otro para determinar las hormonas masculinas que influyen en la producción de espermatozoides.En muchos casos, luego de todos estos estudios, se puede asentar un diagnóstico. Sin embargo, según los resultados de esta valoración inicial, en ocasiones, pueden ser necesarios otros estudios.
En general, es conveniente un tiempo de abstinencia sexual previo a los tratamientos (dos o tres días por lo menos), antes de la fecha esperada de ovulación. En el caso de relaciones programadas, el médico y la pareja determinarán estos tiempos. Cuando se realiza una inseminación o FIV, la abstinencia es muy importante parar mejorar las características de la muestra el día del procedimiento (principalmente la cantidad de espermatozoides). Luego de una inseminación se puede tener relaciones en cualquier momento, incluso el mismo día en que se hizo.
En general, no debe tomarse ningún medicamento, excepto los que el médico indique. Los analgésicos suaves, como el paracetamol, o los antibióticos derivados de la penicilina (Trifacilina®, Amoxidal®, etc.), en general, pueden tomarse si son necesarios.
Los principales son la hiperestimulación ovárica y el embarazo múltiple.En la estimulación farmacológica se busca tener varios óvulos pero se intenta limitar el número, aunque ésta es una línea difícil de controlar. Con el objetivo de evitar la hiperestimulación, se toman diversas medidas de precaución, como congelar óvulos fecundados y no transferirlos en el mismo ciclo o recomendarle reposo a la paciente. En la FIV, el embarazo múltiple está limitado por la cantidad de embriones que se transfieren. En el caso de la inseminación es más difícil, ya que no se tiene la certeza de cuántos óvulos se han fertilizado, por lo cual hay que tener mucho cuidado o directamente cancelar el ciclo. También puede existir algún riesgo de torsión ovárica, porque en las estimulaciones los ovarios se agrandan y esto los hace más proclives a una torsión.Por último, como en cualquier intervención quirúrgica, hay riesgo de infección cuando se punza por la vagina para sacar los óvulos. Esto sucede en menos del 1% de los casos y se previene con antibióticos.
La edad ideal es antes de los 35 años, pero en la sociedad en la que vivimos es bastante difícil pretender esto. Por este motivo, luego de los 40 años se asesora a la pareja, sobre todo a la mujer, porque por su edad existe riesgo genético. La edad reproductiva según la OMS es entre los 15 y los 44 años, pero a partir de los 35 años, la fertilidad va gradualmente declinando.
Los tratamientos costosos son los de alta complejidad, porque se utilizan muchos insumos y tecnología, y además, involucran una importante cantidad de personal (equipo médico, biólogos, instrumentadora, anestesiólogo, cardiólogo, personal administrativo, entre otros).
Cada caso es particular. En esta decisión es muy importante el criterio médico y el cansancio físico y psicológico de la pareja. Desde que se comienza un tratamiento, aumentan las posibilidades de lograr el embarazo, pero luego de algunos intentos se llega a una meseta. La estadística demuestra que si se hicieron, por ejemplo, 6 o 7 tratamientos y no hubo éxito, es difícil que pueda lograrse.
Varía según los centros. En Pregna es de alrededor del 40%, pero se puede afirmar que, en general, es del 30%. Es un número alentador si se tiene en cuenta que la tasa del embarazo natural es del 20%.
Es la estimulación hormonal de los ovarios. En el ciclo natural, la mujer tiene sólo un óvulo, por eso para cualquier tratamiento se necesita estimulación. En los procedimientos de baja complejidad, se hace porque hay mujeres que no ovulan o, cuando lo hacen, no producen una buena cantidad de hormonas. En los de alta complejidad se utilizan muchos óvulos. La estimulación es variable, en algunos casos, más fuerte y, en otros, menos para no generar embarazos múltiples. También depende de la mujer porque hay pacientes que responden mejor que otras.Asimismo existen otras patologías como la endometriosis, que combina la estimulación porque mejora la tasa de embarazo respecto del ciclo natural.
No. Pensar esto es tan incorrecto como creer que una mujer que toma anticonceptivos y, por lo tanto, no ovula, “ahorra” óvulos. La mujer tiene su mayor cantidad de óvulos al nacer y, a partir de ese momento, los empieza a perder por un proceso llamado “atresia” que está determinado genéticamente. De acuerdo al número inicial de folículos que tiene y al ritmo con el cual los va eliminando, se determinará el momento de su menopausia.
En los tratamientos, hay una parte médica y una biológica. El médico hace la estimulación hormonal para madurar los óvulos y extraerlos, el biólogo es el que se encarga de fertilizarlos y cuidarlos en el cultivo in vitro. En nuestro departamento de embriología, a cardo de Claudio Bisioli, los biólogos se encargan del proceso de laboratorio para fertilizar los embriones, congelar los óvulos, hacer la biopsia (PGD) y toda actividad relacionada al cultivo de preembriones.
Es el congelamiento de preembriones. Por lo general, se mantienen así hasta que se transfieren. Esto puede realizarse en distintos estadíos: durante el primer día, cuando el óvulo recién fertilizado está con dos pronúcleos (femenino y masculino); al segundo o tercer día e, incluso, puede ser hasta el quinto día (estadío de blastocito). La decisión de cuándo congelar depende del criterio médico y de cada caso.
Sí, la efectividad de los tratamientos con embriones congelados cae entre un 5 y 10% respecto de los resultados de los tratamientos “en fresco”.
Existen evidencias científicas que demuestran que el reposo posterior a una transferencia embrionaria no mejora la probabilidad de lograr el embarazo en ese ciclo. Sin embargo, se recomienda al menos 24 horas de reposo ya que, luego de una intensa estimulación ovárica y el procedimiento de punción, se siente distensión y molestias abdominales, los ovarios están agrandados y duelen.
De ninguna manera. Los embriones, al ser transferidos al útero, permanecen “flotando” en una secreción mucosa abundante que se produce por acción de la progesterona, luego de la ovulación. Se implantarán, o no, durante los 3 o 4 días siguientes a la transferencia, independientemente de la posición del útero o de la mujer.
En primer lugar, hay que corroborar que hayan terminado sus tratamientos y que no quieran tener más hijos. En ese caso, una opción es la donación de los preembriones, que es una manera de colaborar con aquellas parejas que no pueden concebir.
El diagnóstico genético de preimplantación (PGD) es una técnica que permite conocer parte de la información genética o cromosómica de los embriones. Este procedimiento, se realiza antes de transferirlos y consiste en sacar una célula de los embriones que se encuentran en el tercer día posfertilización. En ese estadío, la extracción de una célula no afecta la evolución del embrión y esto permite estudiar, mediante técnicas de biología molecular, determinadas enfermedades génicas o la normalidad en el número de cromosomas.
Es un tratamiento de Fertilización in Vitro que se realiza en mujeres que presentan una falla ovárica. Consiste en la utilización de espermatozoides del marido para fertilizar óvulos de una mujer donante. La falla ovárica implica que los ovarios han dejado de funcionar correctamente por la edad o por alguna patología que lleva a una dificultad prematura o, incluso, a una menopausia anticipada.
Deben ser mujeres jóvenes de menos de 30 años (aunque, en algunos casos, podría extenderse hasta los 35), tener antecedentes de fertilidad probados (deben tener hijos) y ser sanas. Para comprobar esto último, se les realizan estudios genéticos y análisis infectológicos (HIV, Hepatitis B, Hepatitis C, entre otros).
Las mujeres que sean sanas y tengan su útero en condiciones. Los límites de edad para esta transferencia lo pone cada instituto, pero, por lo general, se hacen hasta los 45 a 50 años. Existen casos específicos que se tratan en un comité de ética.
Es un nuevo método de congelamiento ultrarrápido, desarrollado por el Dr. Kuwayama en Japón, mediante el cual se puede hoy en día congelar óvulos y pre-embriones humanos con una alta tasa de éxito, reduciendo a un mínimo el daño post-congelamiento, que era un factor limitante en el congelamiento de óvulos.
A partir de la implementación del programa de vitrificación (congelamiento ultrarrápido), el congelamiento de óvulos humanos ha pasado a ser una realidad y es una práctica especialmente indicada para mujeres que eligen diferir su maternidad por razones personales, sociales o profesionales, o aquellas que deciden hacerlo previo a un tratamieto
Sobre otras patologías
La endometriosis es un trastorno frecuente que afecta a mujeres en edad fértil. Se produce cuando el endometrio, tejido que tapiza el interior del útero, crece fuera de éste, por lo general dentro de la cavidad pelviana. Puede aparecer en forma de implantes de diferente tamaño o formar quistes en los ovarios y se asocia con diferentes grados de adherencias del aparato reproductivo. Según el grado de extensión de la enfermedad, la clasificación va desde el estadío I (el más leve) hasta el IV (el más severo).
Esto se da cuando no se logra encontrar un diagnóstico determinado, y le pasa, en general, al 10 % de las parejas. Para poder decir que no existe una causa aparente de infertilidad, hay que haber estudiado meticulosamente a cada uno de los miembros de la pareja (y haber realizado una laparoscopía a la mujer para descartar endometriosis). Los tratamientos que se realizan en estos casos, tienen un resultado positivo de más del 40%.
El aborto es muy frecuente por lo tanto, recién se puede considerar recurrente cuando se abortó tres veces consecutivas y no se logró un embarazo a término. Puede deberse a causas genéticas del embrión, de los padres u otras alteraciones como las malformaciones del útero, alteraciones de la coagulación de la sangre y, a veces, problemas hormonales.
Cualquier pareja HIV positiva o serodiscordantes (un miembro de la pareja está infectado y el otro no), puede tener un bebé sano. Para lograrlo, es importante que la pareja esté tratada, bien controlada y estudiada.Los tratamientos varían según quién esté infectado. En relación con la mujer, en el caso del HIV, el porcentaje de contagio madre a hijo podría ser de hasta el 25%, sin embargo, si está bajo tratamiento es del 1%. En el momento de buscar el embarazo, es necesario dejar el cóctel de drogas que esté recibiendo porque puede haber posibilidad de malformaciones, pero, una vez que se logró, se retoma el tratamiento. Si es el hombre el que está comprometido, se hace una inseminación. Antes de esto, se toma una muestra de semen y se congela para estudiarla y confirmar que no esté el virus ni en el suero ni en el semen.
No está probado que las cuestiones psicológicas originen infertilidad, pero siempre hay un componente psíquico muy importante. Hay algunas causas específicas que se pueden dar en mujeres que dejan de menstruar y ovular, como el estrés. En el hombre, es más difícil determinarlo porque cuando se analiza un espermograma esos espermatozoides se fabricaron tres meses atrás. Sin embargo, está comprobada la importancia del apoyo psicológico para la contención de la pareja tanto en el período de estudios como en el tratamiento.
Nunca se pudo comprobar si existe tal relación, a pesar de que varios estudios epidemiológicos lo han sugerido. La teoría explica que las ovulaciones pueden brindar un terreno propicio para que alguna célula maligna crezca. Siguiendo esta lógica, al estimular, se aumenta la probabilidad de tener cáncer. De todas formas, en algunos casos puntuales con antecedentes de cáncer de mama en la familia o propios, se va a evitar la estimulación o se hará más suave.
Los tratamientos para el cáncer son nocivos porque deben atacar células que crecen muy rápido y en forma descontrolada. Los ovarios y los testículos son glándulas que producen gran cantidad de células, por eso son más sensibles a estos tratamientos. Sin embargo, existen formas de preservar la fertilidad de los pacientes. En el hombre se congela el semen y, si es prepuber, el tejido testicular. En las mujeres, se pueden congelar los óvulos (aunque no es lo mas conveniente) o el tejido ovárico. Todo esto se realiza si hay tiempo suficiente antes de empezar la quimioterapia y en acuerdo con el oncólogo.